vacioynausea

Me apoyo con todo mi peso en el borde de la loza, acerco mi cara al espejo hasta tocarlo. Los ojos, la nariz y la boca desaparecen, ya no queda nada de humano.[…] Quisiera recobrarme: una sensación viva y decidida me liberaría. La náusea. Jean-Paul Sartre

El escritor novel

Estaba escribiendo mientras que le lloraban los ojos, ya ha su edad pocas cosas le podían hacer llorar, si es que quedaba alguna excepto la vista cansada pero como una expiación a no se sabe bien que pecados no apartaba la vista, se secaba las lágrimas una y otra vez contra la manga y la mano pero sus ojos seguían puestos en letras borrosas. Quizás no fuera más que imagen poética llevada a la realidad de la claridad que tenían los recuerdos que intentaba poner en orden. Las palabras se convertían en cajas que cumplían varias funciones, por una parte eran las líneas de un dibujo que en última instancia llevarían a dar forma definida a la intangibilidad de la memoria y por otra, como bloques de Lego, sustentaría unas en otras para así dejarlas perfectamente ordenadas.

Era una tarea lenta y dura, quería mirar a través de la ventana el cielo, dejar que su mente escapara por sus ojos y dejarla volar pero se había dicho que aunque fuera al final de sus días, por fin saldría de la carcel que era su pasado y el único camino que veía para ello era rememorar, una última vez, dar una versión definitiva y guardar esos recuerdo encima de cualquier armario y jamás volver a ellos.

Con un bolígrafo y un folio de papel reciclado sin blanqueantes como software para la edición de texto, a veces, se deleitaba con el simple pasar la punta dejando un camino de tinta, era tan fácil el deslizar la mano así, suave, continuo, dejando una marca indeleble que podía pensarse, era un camino. Se extasiaba en el forma, otras, salía de su embrujo, del olor tan característico por el que se compraba siempre el mismo modelo como cincel para marcar la piedra del papel.

Tenía una carpeta, “Música para escribir” y allí, en la única concesión hecha a la tecnología , iba acumulando una tras otra oda a sus derrotas, las letras, cuando las había, podían hablar de Dios, de ella, de él mismo y sin embargo, a pesar de que cualquiera que las escuchara solo se enfrentaría  a un maremagnum de estilos, idiomas o temáticas, todo estaba unido por un solo hilo, en el centro de la lista de reproducción, allí, escondida como si fuera una más, era la versión de Johnny Cash sobre “Hurt”. Era el cigarro de muchos o el café necesario para soltar los límites del respeto por sí mismo, del dolor más puro, más innombrable. Los tres acordes de su arpegio inicial hacían que su piel se erizara, y la voz rota de Cash hacían el resto.

Pero ese día había roto su rutina, no sonaba más música que la que mentalmente tarareaba, y tras media hora, por fin hizo a terrizar su vista en el papel, estaba feliz y no escribiría nada sobre sus recuerdos o él mismo, sería diferente. Releyó lo que ya había hecho hoy y en las seis caras de folio solo había una palabra escrita en perfecto orden una y otra vez, “muerte”. En ese momento comprendió la maldición de todo creador, y es que todo se hacía con su propia sangre, aunque esta se pudiera expresar de diferentes formas, no había vida posible y creación a un mismo tiempo.

Multiples verdades de una única voluntad que quiere ser fuerte

Un día lluvioso y cada gota le costaba más que a la anterior franquear mi boca por sus comisuras, no lo puedo evitar, siempre sonrío como un idiota cuando me llueve. Supongo que sonrío porque ya delego en los cielos la función de la tristeza el llanto. ¿que más podría pedir?, y sin embargo nunca una felicidad estuvo completa y fue cuando te encontré.

Al principio todo fue igual que siempre, de espaldas, sin poder ver tu cara pero no lo necesitaba, allí estaba tu precioso pelo, puede sonar algo estúpido pero todos tenemos nuestras tonterías y fijaciones que no podemos evitar. Cada rizo castaño con reflejos dorados que puedo ver perfectamente cada vez que cierro los ojos, echados sobre un lado para después de un tiempo que los eches sobre el otro. Tu piel sin mácula ninguna como marco perfecto para tu boca, tan pequeñita que aun me sigo preguntando como el aire puede salir de ahí y articular siquiera una palabra. Quizás ese sea el problema, la cantidad de aire es limitada y por ello tuvo que ser el silencio el que gritara lo que pasaba entre los dos. Todo este tiempo intenté estar atento, por si me decías algo y no quise escuchar lo que tenía justo delante de mi y aun así estabas tan preciosa.

Me duele pensar en ti y preferiría no tener que volver a encontrarme contigo, no quiero estar pensando en ti durante semanas…

– Ciao.
– Hola, ¿qué tal estás?. Era una pregunta retórica, seguía tal y como la recordaba y no supo exactamente como pudiera haber estado más deslumbrante.
– Genial, ¿vamos a tomar un café?.
– Nunca podría decirte que no. Y sin embargo, en ese preciso momento, la mente de él viajo y en algún lugar, un profundo dolor en algún lugar que no llegó a identificar se había desatado y sabía que el culpable había sido él mismo. El sangrado y la curación sería larga, esto lo había aprendido por la experiencia, pero ahora lo taparía tomando un simple café una tarde gris de otoño.

Las diferencias del ser.

¿Qué eres tú en mi vida? El Pacífico, ese mar que parece un universo donde no hay nada más allá, pero quizás esa siempre haya sido tu forma, y yo, como un pequeño pez que nada dentro de ti, por respirar gracias a ti, por beber un poco de tu agua pensé que me pertenecías, que haya donde fuere el único y serías mia. La realidad me abrió los ojos de golpe cuando vi que simplemente no sabía donde me encontraba y estaba solo, ¿cómo sino explicar esos bancos enormes de peces con sus plateadas escamas reflejando el sol que parecía de tantos como había estrellas en el cielo? ¿acaso no hacían lo mismo que yo en ti?.

Tras entender que esta era la únia realidad me hundí, en el fondo más profundo al que pude arrojarme, al que entendía que estaba más vacio y me cubrí con la arena del lecho. Aquí sigo, odiándome, pues te necesito para vivir pero hace tiempo que aborrezco mi propia existencia, a mi mismo por ello.

¿Te necesito?

Siempre pensé que encontrarte era uno de los pilares que tenía. Encontrar eras tú y cuando lo hice pensé que eras uno de los fines de mi historia. Te perdí, bueno, sabes que te tuve que dejar marchar y hoy te escribo, no sé hasta cuando, pero por una parte cuando empiezo siempre quiero que sea la última vez, pero igual de potente que ese sentimiento es la voluntad que me haces tener de escribir, visto desde ese punto de vista, el tenerte como mi musa quizás sea un precio que deba pagar y aunque como cualquier cosa, no quiero pero si ha de ser, hagasé según tú voluntad.

¿Tenía que volver a empezar a reabrir ese libro, el libro de mi historia, hasta volver a encontrarte porque realmente una vez acabada mi historia había surgido otro paradigma y esta volvía a continuar?.

He pensado mucho desde ese momento, en ti, en nosotros, en mi y como me planteo y planteaba mi vida y es que al final he llegado a una conclusión, tenía que hacer historiografía y no abrir más campos de investigación.
Por tanto desde entonces sigo pensando y repensando en como enfocarme, yo que soy mi propio objeto de estudio. Tal vez por eso sé que tengo perdida la partida, ¿cómo concluirme a mi mismo?, ¿podría un átomo estudiarse y comprenderse completamente?, si tantas personas dedicadas al estudio de las sociedades y su pasado no han sido capaces de orquestar un modelo que tenga un común consenso, yo que soy más limitado, ¿cómo pretendo responderme sobre una materia que los más grandes filósofos han dejado inclusa? y es que quizás solo tenga la facultad de preguntarme y esa sea la única manera, sin pretender poder llegar algún día a un esbozo de respuesta.

¿Por qué fracasé? ¿realmente te necesito? ¿me eres necesaria?, en última instancia llegué a una conclusión que ahora intento simplemente hacer efectiva día a día y es que yo soy, no constituirá un enunciado pero es algo tan básico que no necesito un complemento nominal pues podría tener la tentación de incluirte y desde que no estás en mi vida no he vuelto a encontrarte, no sé si lo haré pero tanto si lo hago como si no, la frase “yo soy” no sería refutada.

Por otra parte, consideré llegar a unos procesos de pensamiento minimalistas, reducir a la esencia lo que es o no pertinente. Así, me impuse la tarea de repensar sobre la felicidad, de una forma básica y me encontré con una construcción sintáctica parecida a la anterior, primero era un “yo”, “yo soy feliz”, eso era lo único que podía saber y trabajar en ello. Difícilmente podía tener alguna incidencia en alguna otra persona más que sobre mi mismo y en ello me enfoqué, por supuesto que sigo en ello y así ha de ser hasta el fin.

¿Por qué quiero ser feliz sin ti? me parece un poco absurda esa pregunta pero igualmente la haré y contestaré con otra pregunta si me permites ¿acaso estás a mi lado ahora?, ¿tengo derecho a ser feliz cuando me niegas el derecho a estar junto a ti?.

Empecé quiriéndote decir que te necesito pero realmente al final he tenido que preguntármelo y desde luego ya tengo la respuesta, no, me gustaría tenerte a mi lado pero todavía no he vuelto a reencontrarte, sigo buscándote pero mientras tanto ves que sigo escribiendo mi historia y nunca volveré a confundir el verbo querer con necesitar.

¿Cual es la diferencia entre el amor contigo y el sexo? En uno quiero que el tiempo simplemente se detenga mientras robo tu mirada, en el otro solo espero una noche sin fin.

¿Cuántas veces más descubriré a mis labios dando forma a tu nombre en los momentos que me descuido?, seguirá trayendo el aire tu recuerdo por la traición de mi boca y ya no sé como luchar contra la insubordinación de mis propios acólitos.

De la metamorfosis de Shylock en Edipo.

Con las manos temblando sin verlas, solo lo percibí por ese vibrato incontenible de su sombra en la mesa, moví un par de dedos para comprobar si realmente me pertenecía y a pesar del retardo la evidencia tras la aplicación de la metodología científica me hizo volver en mi.

Delante de mi solo estaba tu recuerdo, pero, si Orfeo no es más que un personaje de una mitología ya muerta, ¿quién te sacó del Hades? si jamas te consagré un altar, ¿por qué me miras con esa cara de sufrimiento como queriendo gritar, aniquilar el silencio que me protege como ya hiciste conmigo? y en ese momento pronuncio un nombre, con una voz quebrada que jamás podré reconocer como mía, ¡Shylock!.

¿Acaso tengo que creerte?, ¿realmente necesito tu libra de carne?, ¿seré yo esta vez quien la reclame aunque nadie escriba versos sobre ello?, ¿será mi moneda que me permitirá interponer el Leto entre una felicidad por fin alcanzada y mi pasado?.

¡No!, no quiero nada de ti, y a pesar de todo sé que arrastraré tu recuerdo hasta el fin de los tiempos, como algo que jamás debí ver, como el niño que se despierta a media noche como sus padres se convierten en monstruos desliados y mientras el duerme cometen los crímenes más viles para que justo antes del amanecer y mientras que la metamorfosis nocturna revierte, todo es limpiado milagrosamente por la luz del nuevo día. No quiero ser tu alumno ni que mi afán de perfeccionismo me incite a superar, solo quiero que desaparezcas, y sin embargo tú formas parte indisociable de la vida.

Quizás si me gustaría pensar que un día arribaré en un playa con el agua limpia y cálida, allí, al final de mis días llegará un rapsoda y todos nos arremolinaremos ante esa pasajera distracción de la vida y sepa de ti, de como bajo el nombre de Edipo corría tu desgracia y yo solo fui un infeliz, ni si quiera el primero, de los que encontraste en esos cruces de caminos. Pero ya no habrá catarsis que valga, es más, actualmente me da igual puesto que nadie se alimento de la venganza, no dejaré de llorar por un dolor ajeno y cuando esa voz que te volvió a traer ante mi desaparezca, mis temores por los míos seguirán siendo los mismos.

Un cielo destruido, solo quedaba una estrella, una sola e inevitablemente me acorde de ti, de nuestras conversaciones sobre ellas. Eran tan reales en nuestras bocas q yo podía verlas e incluso decíamos sus nombres como si las conociéramos, como si nos dijeran algo.
Tumbados en el banco de piedra, desde allí todo paria tan real y cercano pero solo queda oscuridad, cuando nos separamos ese mundo desapareció en el agujero negro de la realidad y ahora buscas estrellas mucho mas terrenales. Ahora tus estrellas solo levantan metro y poco del suelo mientras yo sigo buscando en algún lugar algo q me haga salir de mi eterna ceguera.

Mientras truena y todo se estremece a mi alrededor, mientras no puedo dejar de escuchar como la naturaleza me hace retroceder tanto y tanto año no veo como el azar climático puede expresar mis ganas de gritar, de sumarme a su grito pero no por rabia, tristeza o cualquier otra cosa, sino para expresar que sigo existiendo, que tengo voz y que no quiero que se me olvide, sintir el dolor de la existencia y que mi garganta se rasgue, quiero en definitiva alegrarme en mi sufrimiento porque eso es parte de la vida.

Cada vez que pulso una tecla lo hago por ti y por mi cobardía, porque el teclado no me rechaza, porque la pantalla no me devuelve un mal gesto, no hay riesgo, y por ello sigo sin tenerte.

Me escondo detrás del anonimato de un nick y ni siquiera soy capaz de publicar mi blog en las redes sociales, no quiero que nadie sepa lo que siento, no quiero que por un casual alguién pueda señalarme con el dedo y decir, ¡eres tú! y ¿qué andas diciendo creyéndote poeta o algo peor? pero hace tiempo que deje de creer, ya no busco tu calor en la noche, solo no tiritar, domir y poco más hasta que con suerte, el sol de ese día me caliente y me recuerde que estoy vivo y que merece la pena seguir estándolo.

Y mientras tanto tú te alejas, unas veces metafóricamente, otras con una literalidad que duele, que abrasa y quema. Me gustaría extender mi mano pero la impotencia es tal que ni siquiera eso puedo hacer, solo un leve adios de mi boca que nunca estaré seguro si te llegó.