Allí, en la estación.

by vacioynausea

Allí, en la estación fue la última vez que la vio. A la postre, la última de su viaje juntos.

– No será un hasta nunca, ¿vale? no pongas esa cara por favor.- Le dijo mientras jugaba con su el pelo de detrás de su nuca.

El apartó sus ojos durante un segundo, el tiempo justo para tomar fuerzas. Una mueca que quería ser una sonrisa apareció en el lado derecho de su cara pero no engañaba a nadie, él sabía que no podía refrenar ese gesto cuando su voz no llegaba a convertirse en palabra, y ella comprendía que era toda muestras explícita que iba a ver de su impotencia.

– Claro, perdona, que quise darte a entender eso.- La sujeto fuerte por su cadera y pasó los brazos en direcciones opuestas por su espalda. En ese momento hubiese deseado que tiempo se acabase, así, con ella entre sus brazos para siempre.

Le dio un beso casi enunciado cerca de la oreja, no se atrevía a tocar esa parte que tanto le gusta a el visitar y a ella ejercer de perfecta anfitriona que estaba detrás de su oreja. Es como si no quisiera dejar más huella de la estrictamente necesaria en ella, y en él mismo, en su propia memoria. Y a la vez, se separó de ella, despacio, pero con firmeza.

– Sube ya, vas a perder el tren.- Se agachó y le acercó sus pequeñas maletas, que parecía prometer un pronto retorno.

Mientras le daba la espalda la seguía, quería tenerla frente a él el máximo tiempo posible, aunque fuera con un ventanilla de por medio, pero ya no era como las películas, por eso quizás estas se rodaban en trenes antiguos o en aeropuertos. Ella gesticulaba pero no la entendía, el sonido de su voz se quedaba atrapado en la lejanía del no saber y ya no habría pañuelos sacados por el resquicio que permitía el cristal, no sacaría ella la cabeza haciendo que se le volase el gorro mientras él, que hasta entonces había corrido tras ella en un vano intento de postergar su sufrimiento y se pararía justo para recoger su sombrero y parado, con la mirada perdida en la locomotora dejar pasar el tiempo mientras los vagones se perdían en un más allá de tiempos prometidos pero inciertos.

Simplemente el tren partió y antes de que realmente sus miradas pudieran dejar de cruzarse, él se giró levantando la mirada caminó arrastrando sus pies mientras silbaba algo que ahogara el estruendoso ruido de sus pensamientos. Pero ella, no sería borrada por la neblina del tiempo, quizás uno de los muchos precios a pagar por el progreso. Su imagen seguía perfectamente nítida muchos años después.

Pasado un tiempo empezó a aparecer por aquí, unas veces por las mañanas, otras ya por la tarde, aunque en sus primeras horas, siempre a la hora del café para irse al poco de anochecer en invierno y entrada la tarde en verano. Podría haberlo hecho en la propia cafetería de la estación, pero creo que le tenía un cierto miedo, como si fuera a mirar directamente a un dios en su forma divina, ya sabes, como Zeus cuando abrasó con un rayo a una de sus amantes. Nunca se despedía, siempre dejaba el dinero en la barra redondeando al alza, yo siempre le daba las gracias, y se iba. Un día se despidió, no sé, era extraño, no solo porque se despidiera, era extraño pero también lo había hecho alguna vez, alguien que el hecho de que me diera el dinero exacto, si no porque le vi con un gesto más suelto, e incluso diría que una sonrisa en la cara y no le volvimos a ver por aquí.

No sé si ella regresó, o simplemente se cansó de esperar pero lo cierto es que eso fue todo. Si te preguntas cómo sé todo esto y esos detalles, quien sabe, quizás fuera yo él hasta que me quedé con este bar cuando  lo iban a cerrar por jubilación y así poder mirar siempre y a todas horas quien salía de la estación, quizás, no sea más que el narrador jugando a ser el dueño de un bar cualquiera y esta historia sea simplemente un cuento más.